Las especies no autóctonas invasoras han causado considerables efectos negativos en biodiversidad y en la estructura y función del ecosistema en muchas zonas de la Tierra. La Antártida, en cambio, tiene relativamente pocas especies terrestres no autóctonas conocidas, que, en su mayoría, según se ha documentado, se limitan a plantas florales e invertebrados (Figura 1 y 2; 1,-3). No obstante, las pocas actividades de seguimiento que se realizaron hasta ahora ampliaron nuestro entendimiento sobre la cantidad de especies no autóctonas y su distribución; asimismo, es evidente que pueden existir algunas especies introducidas que aún no se descubrieron (4). La mayoría de las especies no autóctonas de la Antártida se han encontrado en las inmediaciones de las bases de investigación y en los sitios de desembarco para visitantes, lo cual pone de manifiesto que su presencia, establecimiento y proliferación se ven favorecidos por las actividades humanas (5,6). Si bien la mayoría de las especies no autóctonas conocidas de la Antártida se detectaron en la región peninsular antártica, se informó sobre la presencia de algunas en otras zonas de la Antártida (Figura 1; 1,3). Esta distribución está íntimamente relacionada con las zonas que, según se prevé, serán las más susceptibles a sufrir la introducción de especies no autóctonas debido no solo al alto nivel de actividades turísticas y de operadores nacionales que se llevan a cabo allí, sino a sus condiciones climáticas favorables (5). La isla Decepción (islas Shetland del Sur), por ejemplo, es uno de los destinos más visitados de la Antártida y, también, el más invadido, con nueve especies de invertebrados no autóctonos (3,5,7,8).
Figura 1. Mapa de la región de la península antártica, que muestra la distribución de especies no autóctonas conocidas, todas las cuales son invertebradas debido a la erradicación previa de plantas conocidas que habían sido introducidas (para más detalles, ver Recursos). Sin embargo, los bancos de semillas persistentes de los suelos antárticos aún pueden representar una amenaza incluso tras la remoción de plantas.
Figura 2. [A] Nassauvia magellanica erradicada de la isla Decepción en enero de 2010 (Fotografía: K. A. Hughes). [B] Trichocera maculipennis encontrado en el sistema de desagüe de la Estación Artigas (isla Rey Jorge/isla 25 de Mayo, islas Shetland de Sur) en 2006/07 (Fotografía: O. Volonterio). [C] Planta no autóctona en maceta, en la ventana de una estación de investigación de la Antártida (isla Rey Jorge/isla 25 de Mayo) (Fotografía: K. A. Hughes]. [D] Poa annua en la isla Decepción, que luego se eliminó (Fotografía: M. Molina-Montenegro). [E] Poa pratensis en punta Cierva, península antártica, donde se introdujo por primera vez durante la realización de experimentos de trasplantes entre 1954 y 1955 y que fue eliminado en 2015 (Fotografía: L. R. Pertierra). [F] Suelo no antártico introducido por accidente tras haberse adherido a las ruedas de vehículos de la Estación de Investigaciones Rothera, península antártica (Fotografía: K. A. Hughes). [G] Las incrustaciones en el casco de las embarcaciones son una vía de introducción de especies marinas no autóctonas en la Antártida (Fotografía: K. A. Hughes). (H) Mosquito quironómido no volador Eretmoptera murphyi, proveniente de las islas Georgias del Sur (South Georgia) e introducido en la isla Signy, islas Orcadas del Sur (Fotografía: P. Bucktrout). [I] Elefante marino (Mirounga leonina) descansando sobre un canal de drenaje debajo del emisario de la planta de tratamiento de aguas residuales de la Estación de Investigaciones Rothera. Si bien los desagües son tratados, es posible que haya una alta carga microbiana según la eficiencia y el rendimiento de la planta de tratamiento de aguas residuales. Nada se sabe sobre los efectos que podría ocasionar la ingestión de aguas residuales en los mamíferos marinos y la avifauna de la Antártida. [Fotografía: K. A. Hughes]
Desde que se aprobó el Protocolo Ambiental, la mayoría de las especies no autóctonas se introdujeron de manera no intencional a través de la importación de cargamentos, alimentos frescos, indumentaria y efectos personales (1,2,5,9,10). Diversos estudios genéticos de la especie no autóctona Poa annua (pastito de invierno), de la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), revelaron que esta especie se introdujo en reiteradas oportunidades tanto desde Europa como desde América del Sur (11). Algunas especies no autóctonas colonizaron los edificios de las estaciones y las instalaciones hidropónicas de la Antártida (1,12); por ejemplo, en los sistemas de aguas residuales de algunas estaciones, sigue habiendo presencia de insectos, a pesar de los intentos de erradicación, y estos pueden dispersarse para establecerse en el entorno local (3,7).
Cambio climático y huella humana
El cambio climático y la creciente huella humana ponen a toda la Antártida en un mayor riesgo de sufrir invasiones (5,13). El cambio climático puede generar que haya más suelo libre de hielo, puede hacer que las condiciones ambientales se vuelvan más favorables para la introducción de nuevas especies, al tiempo que aumenta las probabilidades de que las poblaciones no autóctonas establecidas expandan su distribución y su capacidad de competencia con las especies autóctonas (2,4,13,14). Los desplazamientos del ser humano entre las distintas regiones antárticas pueden también ocasionar el traslado de especies no autóctonas ya existentes en una zona a otras zonas antárticas (4). Por ejemplo, diversos estudios han demostrado que un mosquito no volador (Eretmoptera murphyi), introducido por accidente en la isla Signy, islas Orcadas del Sur, puede sobrevivir y completar su ciclo vital bajo condiciones climáticas halladas a unos 750 km al sur de la península antártica (15). Las actividades humanas también podrían favorecer el traslado de especies antárticas autóctonas hacia zonas más internas de la Antártida donde normalmente no se encontrarían, lo que podría alterar los ecosistemas ya existentes y generar una homogenización de la biota (2).
Biología e impactos de las especies no autóctonas
La biología de ciertas especies invasoras les permite sobrevivir en una amplia gama de condiciones ambientales, lo que puede propiciar un rápido crecimiento en su distribución antártica (1,5,15,16). Entre las plantas vasculares, la especie Poa annua es altamente invasora en muchas otras partes del mundo y encierra el potencial de volverse invasora en la Antártida (1,4,6,13). Se informó acerca de la presencia de Poa annua en seis lugares de la península antártica y en las islas Shetland del Sur; y, si bien se lograron eliminar con éxito las poblaciones de esa especie de todos los sitios, es posible aún queden semillas u otros propágulos (4,6,17). En la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), dicha especie se esparció desde el sitio desde donde fue introducida, en las inmediaciones de una estación de investigación, hasta el ecosistema local (4,17). Las distintas estrategias reproductivas que tiene esta especie, al igual que su tolerancia a un amplio rango climático, puede explicar, en parte, el éxito de su colonización (16). La alteración del suelo puede aumentar la abundancia y la germinación de la especie P. annua, y no así la de otras plantas autóctonas (6), y esa especie puede causar efectos negativos en especies de plantas autóctonas (4). La especie Poa pratensis se expandía a expensas de plantas vasculares y briófitas antes de su erradicación, y sus densos sistemas radiculares a tuvieron un efecto sustancial en las densidades de invertebrados terrestres (16).
En el caso de los microinvertebrados, la especie Hypogastrura viatica es el colémbolo (Collembola) no autóctono que más se ha diseminado por la Antártida, distribuido en cinco ubicaciones de la península, incluidos sitios visitados por turistas (3,8). Es posible que las especies, que tienen preferencia por suelos perturbados, compitan con las especies autóctonas y las terminen desplazando (8). Esta especie se detectó por primera vez en 1949 en la isla Decepción y, hoy en día, tiene allí una densidad superior a los 5500 ejemplares por litro de suelo, lo que representa consecuencias desconocidas para las especies autóctonas.
Con respecto a los insectos, en la isla Signy, la larva del mosquito Eretmoptera murphyi puede completar el ciclo de nutrientes del suelo hasta nueve veces más rápido que las poblaciones de invertebrados autóctonos y, si se llegara a expandir, este mosquito podría alterar los hábitats terrestres de toda la Península (15). Esta especie se expande localmente a un ritmo lento, pero queda confinada a la isla Signy. En cambio, la mosca Trichocera maculipennis ha colonizado rápidamente las plantas de tratamiento de aguas residuales de múltiples estaciones en la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), aunque no se ha confirmado su capacidad para reproducirse en el entorno natural (19).
Acción de ordenación
Las evaluaciones de riesgo para las especies invasoras mundialmente y para las que ya han colonizado la región antártica en general muestran que las barreras climáticas al establecimiento de especies no autóctonas se irán debilitando a medida que continúen subiendo las temperaturas en toda la región. El uso de métodos para evaluar los riesgos podría dar forma al seguimiento focalizado acerca de vías y sitios de introducción que suponen el máximo grado de riesgo de establecimiento de especies invasivas (8,13).
Puede resultar difícil diferenciar una nueva introducción de especies no autóctonas transportadas por la actividad humana de aquellas especies introducidas por acción del viento, las corrientes oceánicas o la vida silvestre (colonizadores naturales) (7). Por ejemplo, no fue posible constatar categóricamente si el áster Nassauvia magellanica de Sudamérica que se observó en la isla Decepción había sido introducido por la actividad humana o por procesos naturales (7). Si tomamos las islas subantárticas como modelos de sistemas para las tasas de colonización natural de especies, las probabilidades de que dos nuevas especies lleguen a la Antártica mediante procesos naturales y se establezcan en ese período son muy bajas. Es importante establecer una correcta diferenciación en este sentido para su futura gestión, ya que el Protocolo establece que las especies no autóctonas deben erradicarse (7). Dentro del Área del Tratado Antártico, muchas plantas no autóctonas fueron eliminadas (3,4,7,16), aunque la erradicación de los propágulos continúa siendo un desafío técnico a largo plazo. En cambio, no se realizaron intentos de erradicar invertebrados no autóctonos presentes en el ambiente natural, aunque algunos fueron erradicados de las estaciones antárticas y de las instalaciones hidropónicas (12).
La expansión de invertebrados no autóctonos puede minimizarse con métodos de control efectivos. En el caso de la especie Trichocera maculipennis que se encuentra en la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), las acciones coordinadas pueden evitar que se continúe diseminando mientras se exploran métodos de erradicación viables.
Introducción de especies marinas
Poco es lo que se conoce sobre los niveles de introducción de especies no autóctonas en los entornos marinos de la Antártida (1). Sin embargo, las especies podrían ser importadas en el agua de lastre o en los cascos de las embarcaciones (1,20). Si bien la abrasión de los cascos ocasionada por el hielo marino podría ser efectiva en la eliminación de especies que se adhieren, puede seguir habiendo presencia de organismos dentro de las tomas de mar del barco (21) y en las entradas del casco, lo que aumentaría el riesgo de introducir especies marinas (22).
Futuras investigaciones científicas podrían aportar mayores beneficios al estudiar lo siguiente:
- las nuevas tecnologías para la detección de especies no autóctonas en la Antártida;
- la biología y las características funcionales de las especies no autóctonas existentes a fin de determinar métodos para su control o erradicación;
- los efectos de la erradicación y del control de biota autóctona;
- el riesgo y los posibles efectos de la introducción de microbios(ver: https://www.environments.aq/resumenes-informativos/introduccion-de-microbios-no-autoctonos-que-riesgo-implica-para-los-ecosistemas-antarticos/, https://www.environments.aq/information-summaries/sources-dispersal-and-impacts-of-wastewater-in-antarctica/ y https://www.environments.aq/resumenes-informativos/enfermedades-de-la-fauna-silvestre-antartica/);
- el riesgo y los posibles efectos de la introducción de especies marinas;
- el nivel y los efectos del traslado de organismos autóctonos entre las diferentes regiones ecológicas de la Antártida (15).

