environments.aq

Portal de medioambientes antárticos

Estado de la introducción de especies no autóctonas conocidas y su impacto

Hughes Thumb ES

Resumen informativo

Versión: 1

Publicado: 21/08/2015 GMT

Revisado: 21/08/2015 GMT

Autores

Kevin A. Hughes* and Yves Frenot**

* British Antarctic Survey, Natural Environment Research Council, High Cross, Madingley Road, Cambridge, CB30ET, United Kingdom
** French Polar Institute Paul Emile Victor, Plouzané, France

Revisado por expertos tick


Sinopsis

La biodiversidad y los ecosistemas de la Antártida se ven amenazados por la introducción de especies no autóctonas. Los grandes efectos que produce esta invasión de especies sobre la región subantártica dan ciertos indicios de los posibles cambios que podrían producirse en la estructura y función del ecosistema en el futuro dentro del área del Tratado Antártico. La Antártida tiene aún muy pocas especies no autóctonas en comparación con otras regiones, y hasta la fecha las regiones más afectadas por la invasión de especies son la Península Antártica y las islas en mar abierto. Sin embargo, es probable que aumenten los efectos de esta invasión debido al cambio climático y al crecimiento de la actividad humana en la región. Algunas especies no autóctonas ya establecidas en la Antártida han comenzado a incrementar su distribución en la zona, lo cual puede traer aparejados impactos potencialmente negativos sobre los organismos y hábitats autóctonos. La investigación científica futura podría aportar beneficios al estudiar el grado y la magnitud de las introducciones de microbios y especies marinas, el índice de traslados de especies autóctonas y no autóctonas entre las distintas regiones ecológicas de la Antártida, y permitir elaborar protocolos de evaluación de riesgos y metodologías de erradicación óptimos.


Resumen

Las especies no autóctonas invasoras han ocasionado impactos negativos sobre la biodiversidad y la estructura y función del ecosistema en numerosas regiones del planeta Tierra, entre ellas, la región subantártica (considerada por el Tratado como un ecosistema asociado y dependiente), donde se han introducido más de 200 especies no autóctonas (1). Los considerables cambios estructurales en la biodiversidad y el ecosistema en algunas islas subantárticas son un ejemplo de lo que puede suceder en la Antártida a medida que avance el cambio climático y continúe creciendo la actividad humana (1,2). En la actualidad, la Antártida tiene unas pocas especies terrestres no autóctonas conocidas, que en su mayoría, según se ha documentado, se limitan a plantas florales e invertebrados (Figura 1 y 2; 1,3,4). Sin embargo, las últimas tareas de seguimiento han perfeccionado nuestro conocimiento sobre la cantidad de especies introducidas y su distribución (5,6).

Hughes Figure 1

Figura 1. Mapa de la región de la Península Antárctica donde se muestra la distribución de plantas vasculares no autóctonas conocidas (■) y especies de invertebrados (●) (para más detalle, véase la sección de Recursos).

 

Hughes Figure 2

Figura 2. [A] Nassauvia magellanica erradicada de la isla Decepción en enero de 2010 (Fotografía: K. A. Hughes). [B] Trichocera maculipennis encontrado en el sistema de desagüe de la Estación Artigas (isla Rey Jorge/isla 25 de Mayo, Islas Shetland de Sur) en 2006/07 y actualmente encontrado en hábitats terrestres circundantes (Fotografía: O. Volonterio). [C] Planta no autóctona en maceta, en la ventana de una estación de investigación de la Antártida (isla Rey Jorge/isla 25 de Mayo) (Fotografía: K. A. Hughes]. [D] Poa annua en la isla Decepción, que luego se eliminó (Fotografía: M. Molina-Montenegro). [E] Poa pratensis en Punta Cierva, Península Antártica, donde se introdujo por primera vez durante la realización de experimentos de trasplantes entre 1954 y 1955 y que fue eliminado en 2015 (Fotografía: L. R. Pertierra). [F] Suelo no antártico introducido por accidente tras haberse adherido a las ruedas de vehículos de la Estación de Investigaciones Rothera, Península Antártica (Fotografía: K. A. Hughes). [G] Las incrustaciones en el casco de las embarcaciones son una vía de introducción de especies marinas no autóctonas en la Antártida (Fotografía: K. A. Hughes). (H) Mosquito quironómido no volador Eretmoptera murphyi, proveniente de las islas Georgias del Sur (South Georgia) e introducido a la isla Signy, Islas Orcadas del Sur (Fotografía: P. Bucktrout). [I] Elefante marino (Mirounga leonina) descansando sobre un canal de drenaje debajo del emisario de la planta de tratamiento de aguas residuales de la Estación de Investigaciones Rothera. Si bien los desagües son tratados, es posible que haya una alta carga microbiana según la eficiencia y el rendimiento de la planta de tratamiento de aguas residuales. Nada se sabe sobre los efectos que podría ocasionar la ingestión de aguas residuales sobre los mamíferos marinos y la avifauna de la Antártida. [Fotografía: K.A. Hughes]

La mayoría de las especies no autóctonas se introdujeron de manera no intencional a través de la importación de cargamentos, alimentos frescos, indumentaria y efectos personales (1,3,7,8). Se han encontrado especies no autóctonas en bases antárticas e instalaciones hidropónicas (1). Para citar un ejemplo, sigue habiendo insectos en los sistemas de desagües de algunas bases a pesar de los intentos de erradicación, y éstos pueden propagarse y establecerse en el medioambiente local (4,9).

Se sabe muy poco sobre la cantidad de especies no autóctonas introducidas en los medioambientes marinos antárticos, pero se podría estar introduciendo especies a través del agua de lastre o por el casco de las embarcaciones (1,10). Tampoco se conoce demasiado sobre la introducción de microorganismos no autóctonos, pero es sabido que puede afectar la salud de la fauna y flora silvestres (11) y dar lugar a la introducción de material genético nuevo en las comunidades microbianas autóctonas con consecuencias imprevisibles en la estructura y función de la comunidad microbiana (12).

Si bien la mayoría de las especies no autóctonas conocidas de la Antártida se ha detectado en la región peninsular antártica, algunas fueron encontradas en otras regiones (Figura 1; 1,4). Esta distribución está íntimamente relacionada con las áreas que, se prevé, serán las más susceptibles a sufrir la introducción de especies no autóctonas debido al alto nivel de actividades turísticas y de operadores nacionales que allí se llevan a cabo y debido a sus condiciones climáticas favorables (8). La isla Decepción (Islas Shetland del Sur), por ejemplo, es uno de los destinos más visitados de la Antártida, pero es también el más invadido, con nueve especies de invertebrados no autóctonos (4,8,9,13).

El cambio climático y una creciente huella humana ponen a toda la Antártida en un mayor riesgo de sufrir invasiones (8). El cambio climático puede hacer que las condiciones ambientales se vuelvan más favorables para la introducción de nuevas especies, al tiempo que aumenta las probabilidades de que las poblaciones no autóctonas establecidas expandan su distribución y su capacidad de competencia con las especies autóctonas (3,5). Los desplazamientos del ser humano entre las distintas regiones antárticas pueden también ocasionar el traslado de especies no autóctonas ya existentes en una zona a otras zonas antárticas (5). Por ejemplo, los estudios han demostrado que un mosquito no volador (Eretmoptera murphyi), introducido por accidente en las Islas Orcadas del Sur, puede sobrevivir y completar su ciclo vital bajo condiciones climáticas halladas a unos 750 km al sur de la Península Antártica (14). Las actividades humanas también podrían favorecer el traslado de especies antárticas autónomas hacia áreas más internas de la Antártida donde normalmente no se encontrarían y así alterar los ecosistemas ya existentes (15).

No todas las especies no autóctonas representan el mismo grado de amenaza para los ecosistemas antárticos. La especie Poa annua (pastito de invierno) ha invadido la mayoría de las islas subantárticas y recientemente se la describió como especie invasora también en la Antártida (1,5,16). Las distintas estrategias reproductivas que tiene esta especie puede explicar, en parte, el éxito de su colonización. La distribución de este pasto en la Antártida ha venido aumentando; ya se ha confirmado su presencia en seis ubicaciones de la Península y las Islas Shetland del Sur y se han erradicado con éxito pequeñas poblaciones en cuatro sitios (5,16). Diversos estudios genéticos de Poa annua en la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo) revelaron que esta especie se introdujo en reiteradas oportunidades tanto desde Europa como desde América del Sur (17). La especie Poa annua puede tener efectos negativos sobre las especies de plantas autóctonas y, en una ubicación de la Antártida, se ha expandido desde su sitio de introducción inicial al ecosistema local (5,18).

Las especies invasoras pueden causar un gran daño en la estructura y función del ecosistema. A modo de ejemplo ilustrativo, el escarabajo depredador Merizodus soledadinus, introducido por accidente en las islas subantárticas Kerguelen, ha atacado y se ha alimentado de poblaciones de invertebrados autóctonos y ha reducido así el ciclo de nutrientes de los ecosistemas invadidos (2). En la Antártida, la larva del mosquito Eretmoptera murphi puede completar el ciclo de nutrientes del suelo hasta nueve veces más rápido que las poblaciones de invertebrados autóctonos y, si se llegara a expandir, este mosquito podría alterar los hábitats terrestres de toda la Península (14).

La mayoría de las especies no autóctonas de la Antártida se han encontrado en las inmediaciones de las bases de investigación y en los sitios de desembarco para visitantes, lo cual sugiere que su presencia, establecimiento y proliferación se ven favorecidas por las actividades humanas (8,16). La alteración del suelo, por ejemplo, puede estimular la proliferación y germinación de la especie no autóctona Poa annua pero no así de plantas autóctonas (16). La biología de ciertas especies invasoras les permite sobrevivir en una amplia gama de condiciones ambientales, característica que puede propiciar un rápido crecimiento en su distribución antártica (1,8,14). La especie Hypogastrura viatica es el colémbolo (Collembola) no autóctono que más se ha diseminado por la Antártida, distribuido en cinco ubicaciones de la Península, entre ellos, sitios visitados por turistas (4,13). Esta especie, que tiene preferencia por suelos perturbados, ha demostrado tener una mejor capacidad de competencia y desplazar a las especies autóctonas subantárticas. Esta especie se detectó por primera vez en 1949 en la isla Decepción y, hoy en día, tiene allí una densidad de más de 5.500 individuos por litro de suelo. Aún no hay registro de la presencia de Hypogastrura viatica en su isla vecina, la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), pero los altos niveles de actividad humana llevada a cabo en la región pueden traducirse en un riesgo significativo para esta importante porción de terreno sin hielo de sufrir una invasión (4,8,13).

Puede resultar difícil diferenciar una nueva introducción de especies no autóctonas transportadas por la actividad humana de aquellas especies introducidas por acción del viento, las corrientes oceánicas o la vida silvestre (colonizadores naturales) (9). Para citar un ejemplo, no hay pruebas suficientes que permitan establecer de manera fehaciente si el áster sudamericano Nassauvia magellanica presente en la isla Decepción o si las semillas del junco Juncus bufonius de la costa oeste de la Bahía Almirantazgo (Bahía Lasserre) de la Zona Antártica Especialmente Protegida N.° 128 se introdujeron por acción del hombre o por procesos naturales (9,19). Es importante establecer una correcta diferenciación en este sentido para su futura gestión, ya que el Protocolo estipula que las especies no autóctonas deben erradicarse (9). Dentro del área del Tratado Antártico ya se han eliminado varias plantas no autóctonas que crecían aisladas o en pequeños grupos (4,5,9) y se han iniciado algunos programas de erradicación de gran envergadura. También se ha intentado erradicar vertebrados, invertebrados y plantas de las islas subantárticas, tales como renos y ratas de las Islas Georgias del Sur (South Georgia), gatos e invertebrados Porcellio scaber de la isla Marion y las especies herbáceas Anthoxanthum odoratum y Rumex crispus de la isla Macquarie (1,9).

Las próximas investigaciones científicas podrían aportar mayores beneficios al estudiar:

  • la biología y las características funcionales de las especies no autóctonas existentes a fin de determinar métodos para su control o erradicación
  • el grado, la magnitud y los impactos de la introducción de microbios y especies marinas
  • el nivel y los impactos del traslado de organismos autóctonos entre las diferentes regiones ecológicas de la Antártida (15)

Se han elaborado protocolos de evaluación de riesgos que indican cuáles son las especies no autóctonas con mayor probabilidad de convertirse en especies invasoras, si llegaran a introducirse, dirigidos a ciertos grupos biológicos de la región subantártica, y podría ser útil elaborar este mismo tipo de protocolos también para la Antártida (13,20).


Eventos clave

1962

RCTA II –WP3  Proyecto de Medidas Convenidas, entre ellas, la primera mención a la prohibición de importar especies no autóctonas.

1964

Recomendación III-8 de las Medidas Convenidas para la Conservación de la Fauna y Flora de la Antártida, que incluye la prohibición de introducir al área del Tratado animales o plantas no autóctonas, salvo que curse la autorización correspondiente.

1991

Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente. El Anexo II de la Conservación de la Fauna y de la Flora en la Antártida, en su Artículo 4, reitera la prohibición relativa a las especies no autóctonas.

1996

RCTA XX-IP66  Primer informe sobre la presencia de una planta no autóctona en la Antártida Oriental.

1998

RCTA XXII - IP 53  Documento de la UICN sobre especies no autóctonas que abarca patógenos, mascotas y plantas domésticas, así como también la introducción accidental de especies en las inmediaciones de las estaciones.

1999

RCTA XXIII - WP 32  Informe sobre los resultados del Taller sobre enfermedades de la fauna antártica.

2000

Convey et al. publican "La biota terrestre de la isla Charcot, al este del mar de Bellingshausen: Antártida, un ejemplo de aislamiento extremo" (artículo en inglés), Antarctic Science 12, 406-413 (2000) doi:0.1017/S095410200000047X, donde se reconoce el riesgo que implican los traslados intrarregionales en la Antártida.

2001

Los informes presentados por un GCI aportaron una revisión y evaluación de riesgos (RCTA XXIV- WP 10) y una serie de medidas prácticas para reducir los riesgos de introducir enfermedades en la fauna silvestre (RCTA XXIV - WP 11).

2003

Lewis et al. (10) investigaron las embarcaciones utilizadas con fines científicos y turísticos en la Antártida y demuestran que efectivamente podrían trasladarse especies marinas no autóctonas en los cascos de estas embarcaciones e introducirlas en la Antártida.

2005

El documento  RCTA XXVIII - WP 28 sugirió seis medidas para evitar la introducción y propagación no intencional de enfermedades y biota no autóctona en el área del Tratado Antártico, a saber: Establecer un ‘objetivo de trabajo’ para elaborar una estrategia de cuarentena; Evaluar la importancia de las vías de introducción de especies; Identificar herramientas y metodologías de análisis/evaluación de riesgos; Elaborar procedimientos específicos previos a las partidas que aborden los riesgos correspondientes; Identificar medidas específicas y prácticas de gestión de cuarentenas a fin de prevenir o controlar la propagación de organismos entre distintos sitios de la Antártida; e Identificar requisitos prioritarios de investigación y seguimiento.

El documento  RCTA XXVIII - IP 97  proporcionó información sobre procedimientos de descontaminación para turistas.

La Conferencia del SCAR ante la RCTA señala a las especies no autóctonas como un importante riesgo para la biodiversidad de la Antártida.

Taller internacional sobre especies no autóctonas de la Antártida en la Universidad de Canterbury, Nueva Zelandia.

Frenot et al. (1) publican una revisión de: "Las invasiones biológicas en la Antártida: Magnitud, impactos e implicancias" (artículo en inglés).

Whinam, Chilcott y Bergstrom publican "Polizones subantárticos: Expedicionarios como vectores de introducción de organismos foráneos" (artículo en inglés), Biological Conservation 121, 207-219 (2005) doi: 10.1016/j.biocon.2004.04.020, donde se informa sobre la posibilidad de que los científicos de programas antárticos nacionales se conviertan en vectores de introducción de especies no autóctonas en la Antártida.

2006

El documento  RCTA XXIX - WP 5 Rev. 1 presentó diversas Directrices prácticas para el cambio de agua de lastre a fin de limitar la introducción de especies marinas, lo cual se tradujo en la elaboración de la Resolución 3 (2006).

El documento  RCTA XXIX - IP 44  proporciona detalles sobre la manera de gestionar cuarentenas.

El documento  RCTA XXX - IP 49  se centró en cuantificar los traslados y validar las vías de introducción de especies.

Los documentos  RCTA XXIX - WP 13 y  RCTA XXIX - IP 46 presentan informes acerca de un taller realizado en Nueva Zelandia sobre especies no autóctonas y formulan varias recomendaciones:

  • las especies no autóctonas deben considerarse prioridad máxima con un “enfoque de tolerancia cero”
  • el CPA debe tomar la iniciativa y solicitar asesoramiento al SCAR , la CCRVMA, el COMNAP, la IAATO, la UICN y toda otra organización pertinente;
  • se precisó la realización de investigaciones que se centren específicamente en la diversidad biológica y genética, las distribuciones de especies y zonas biogeográficas, las posibles consecuencias del aumento de temperaturas y la identificación de áreas y ecosistemas de alto riesgo, haciendo especial hincapié en el estudio de las comunidades microbianas y los ecosistemas marinos;
  • los temas relativos a las especies no autóctonas deben estar incorporados en los procedimientos y prácticas existentes, en particular, en los procedimientos de EIA y en el sistema de áreas protegidas; y
  • se debe elaborar una serie de directrices y/o procedimientos exhaustivos y estandarizados destinados a todos los operadores de la Antártida en función de un enfoque de “prevención, vigilancia y respuesta”.

2007

El documento RCTA  XXX - IP37 informa sobre las incrustaciones en los cascos de los barcos como una fuente de invasiones marinas en la Antártida y señala que los últimos estudios han demostrado que dichas incrustaciones son un importante vector de introducción de especies no autóctonas.

2008

RCTA XXXI - WP 16 El CPA refrendó una propuesta para utilizar la Base de datos australiana sobre especies foráneas en la Antártida a fin de registrar especies no autóctonas.

El documento  RCTA XXXI - IP 17 propuso medidas para mantener a las colinas de Larsemann libres de especies introducidas.

RCTA XXXI - IP 98 Informe del COMNAP sobre los procedimientos existentes para controlar la introducción de especies no autóctonas a raíz de operaciones de logística.

El CPA adopta un plan de trabajo quinquenal que identifica la problemática de las especies no autóctonas como su asunto de máxima prioridad.

2009

RCTA XXXII-IP4  El SCAR incluyó la introducción de especies no autóctonas en su código de conducta ambiental para los estudios científicos de campo sobre el terreno de la Antártida  RCTA XXXII - IP 12  y  RCTA XXXII - WP 33. Disposiciones propuestas para su inclusión en los planes de gestión para las áreas protegidas y administradas.

RCTA XXXII - SP 11 Resumen temático de la Secretaría sobre deliberaciones anteriores.

RCTA XXXII - WP 5. Se acordó un Programa de Trabajo para la acción del CPA con respecto a las especies no autóctonas.

Se estableció un Grupo de contacto intersesional.

2010

RCTA XXXIII - WP 4 y  RCTA XXXIII - WP 6. Enfoque empírico para reducir los riesgos de la introducción de especies.

RCTA XXXIII - WP 15 Sugerencias sobre cómo abordar el descubrimiento de nuevas especies no autóctonas introducidas.

RCTA XXXIII - WP 14 Riesgos asociados al traslado intrarregional de especies en áreas terrestres de la Antártida.

El documento  RCTA XXXIII - IP 42 aportó detalles sobre las especies no autóctonas colonizadoras conocidas.

RCTA XXXII - WP 44 . Marco sugerido para determinar el estado de colonización de especies de reciente descubrimiento.

2011

El CPA adoptó el Manual de especies no autóctonas (Manual) que brinda directrices sobre medidas preventivas tendientes a limitar la introducción accidental de especies y enumera una gran variedad de recursos publicados para conocer más sobre el tema.

RCTA XXXIV – WP12 Lista de verificación del COMNAP para garantizar que los administradores de la cadena de suministro corroboren que su cargamento esté limpio antes de despacharlo.

RCTA XXXIV – WP 53 Sugerencias sobre cómo reducir los riesgos de introducción de especies mediante alimentos contaminados.

RCTA XXXIV – WP25. Propuestas para minimizar los riesgos asociados a instalaciones hidropónicas.

RCTA XXXIV – IP50. Resumen del estado de todas las especies no autóctonas conocidas.

2012

RCTA XXXV – WP5 . Resumen de los resultados del proyecto del Año Polar Internacional (API) "Aliens in Antarctica", proporcionado por el SCAR, que incluye una evaluación de riesgos.

El documento  RCTA  XXXV WP 42 brinda ‘Directrices para reducir el riesgo de introducción de especies no autóctonas en la isla Decepción (Zona Antártica Especialmente Administrada N.° 4)’.

Terauds et al. (15) publicaron un análisis de la mejor información disponible sobre biodiversidad, que por primera vez permitió distinguir 15 regiones sin hielo biológicamente diferentes en la Antártida.

2013

RCTA XXXVI- WP19  Medidas de bioseguridad para prevenir la introducción de organismos edáficos no autóctonos.

El documento  RCTA XXXVI – WP35 subrayó la incidencia negativa de la introducción de microbios no autóctonos en los valores científicos y ambientales.

2014

El documento  RCTA XXXVII - IP23 proporcionó detalles actualizados sobre especies no autóctonas colonizadoras conocidas.

2015

RCTA XXXVIII – IP 46 Actualización sobre la distribución de especies no autóctonas conocidas.