Bernard W.T. Coetzee* & Steven L. Chown
La actividad humana en la Antártida tiene el potencial de causar la perturbación de la vida silvestre. En casos severos, la perturbación humana de vida silvestre antártica puede ocasionar la disminución del éxito reproductivo, daño físico e incluso en oportunidades, la mortalidad directa. La perturbación producida por el ser humano induce además respuestas de estrés fisiológico, lo que se traduce en respuestas del comportamiento animal tales como el aumento de su conducta de vigilancia o de huida, o evitar las áreas alteradas. Los efectos de la perturbación producida por el ser humano varían en función de factores extrínsecos tales como el tipo de alteración, su forma, magnitud y frecuencia. Las diferentes especies, e incluso las diferentes poblaciones de la misma especie, muestran muy diferentes respuestas a la perturbación humana. Esa variabilidad implica que aún no puede generalizarse en cuanto al impacto de la perturbación humana de la vida silvestre antártica, y que al menos según los conocimientos actuales, es poco probable que se logre un único conjunto de directrices aplicable a todas las especies que habitan a Antártida.
La actividad humana en la Antártida puede provocar perturbaciones en sus medioambientes naturales y en los organismos. Estos incluyen, entre otros, la alteración física directa del hábitat, la introducción de especies no autóctonas, y la contaminación. Este documento se refiere específicamente a las perturbaciones humanas que pueden provocar respuestas de estrés en la vida silvestre, en particular en los mamíferos y aves de gran tamaño (focas, pingüinos, aves marinas y cetáceos). Puesto que tales situaciones pueden generar una respuesta de estrés de la vida silvestre, pueden esperarse que en ciertas circunstancias se produzca un efecto negativo en función de la fuerza y la frecuencia de la exposición a la perturbación. Estas perturbaciones producidas por el ser humano pueden adoptar diversas formas, que van desde la presencia física de las personas y de su equipo hasta los acercamientos de estas a la vida silvestre, la manipulación de animales con fines científicos, y las perturbaciones ocasionadas por las aeronaves, lanchas y vehículos terrestres. Las actividades de investigación, de turismo y de logística tienden a concentrarse en torno a las áreas costeras sin hielo de la Antártida, las que son con frecuencia zonas de reproducción para las especies.
La perturbación humana de la vida silvestre antártica puede ocasionar la disminución del éxito reproductivo (1,2, 3), e inducir el estrés fisiológico (3, 4) lo que puede provocar cambios en el comportamiento (5, 6), y puede ser causa de la mortalidad directa (8). En algunos casos, la vida silvestre puede llegar a habituarse a la actividad humana y resultar relativamente no afectada por esta. Algunas poblaciones bien estudiadas no muestran cambios importantes observables luego de la perturbación (9). En otros casos, se ha demostrado que las actividades humanas pueden ocasionar una alteración importante de la vida silvestre (8, 10, 11). El marcaje de los pingüinos rey (Aptenodytes patagonicus) menoscaba tanto su supervivencia como su reproducción, lo que afecta en definitiva la tasa de crecimiento de su población (10), y la muerte de casi 7.000 pingüinos luego de una estampida en una isla subantártica fue atribuida al sobrevuelo de un apenas un aeroplano (8, 11).
La respuesta individual de un animal al estrés puede variar mucho en función de factores extrínsecos tales como el tipo de perturbación, su forma, y su magnitud. La perturbación varía también según factores intrínsecos, como la especie, el tamaño de la colonia y su etapa reproductiva, y las diferentes respuestas individuales. Son pocos los estudios (si bien, véase 4) que han considerado todos estos factores, lo que dificulta el llegar a conclusiones o realizar un meta-análisis de los resultados de todo el diverso rango de estudios (12).
Es probable que la investigación realizada hasta el momento subestime los posibles impactos de la perturbación del ser humano a la vida silvestre, ya que las respuestas comportamentales pueden ocultar las respuestas fisiológicas más sutiles y potencialmente severas (13, 14). La mayor parte de la investigación se ha centrado en los impactos en el comportamiento o fisiológicos de corto plazo provocados por las perturbaciones. Dichos estudios siguen necesitándose, así como también son necesarios los estudios de largo plazo sobre las respuestas comportamentales y fisiológicas para evaluar los efectos de las perturbaciones en las poblaciones, si bien es extremadamente difícil vincularlos con las tendencias poblacionales de largo plazo. Comparativamente se ha realizado poca investigación sobre los efectos de las perturbaciones sobre los cetáceos en la Antártida, aun cuando estudios de la región(15) y de otros lugares (16) sugieren que los impactos dependen tanto del contexto como de la especie, y que hay importantes vacíos en los conocimientos al respecto.
Los científicos, administradores y autoridades reconocen desde hace tiempo las presiones generadas por la perturbación humana en la vida silvestre de la Antártida (si desea obtener un análisis, consulte (12)). El trabajo anterior centrado en las perturbaciones de las aeronaves a la vida silvestre, que culminó en la adopción de las Directrices para la operación de aeronaves en las cercanías de concentraciones de aves en la Antártida en la XXVII Reunión Consultiva del Tratado Antártico. Muchos Programas Antárticos Nacionales cuentan con sus propias directrices para reducir a un mínimo la perturbación de la vida silvestre. Las inquietudes asociadas a la posible perturbación de las aves por los turistas dio como resultado las «Directrices sobre aproximación a la vida silvestre» de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos en la Antártida (IAATO) (17).En su 10° reunión (2007), el Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA) encomendó al Comité científico de Investigación Antártica (SCAR) que proporcionara un informe sobre el estado actual de los conocimientos relacionados con la perturbación humana de la vida silvestre. El informe del SCAR fue presentado en la XI Reunión del CPA (2008) (12). El CPA refrendó las recomendaciones del SCAR (Informe de la XI Reunión del CPA, párrafo 110).
Luego de las directrices del IPCC sobre descripciones de la incertidumbre (18), existe en la actualidad un alto grado de acuerdo con mediana evidencia, hacia mediana convicción, en cuanto a que las perturbaciones humanas pueden provocar impactos negativos importantes a la vida silvestre antártica. Sin embargo, debido a la variabilidad en la respuesta entre los distintos animales y regiones, es poco probable que un único conjunto de directrices sea apto para todas las regiones, todas las especies, y todas las situaciones. El CPA reconoció que las recomendaciones acerca de una distancia mínima de acercamiento a los diferentes sitios necesita de una metodología cautelar y que sería necesario un desarrollo caso a caso (12, XI Reunión del CPA, párrafo 110). El trabajo futuro podría abordar de manera provechosa los posibles impactos sinérgicos de las perturbaciones humanas junto a otros factores que influyen sobre la vida silvestre, como por ejemplo el clima y las introducciones de especies no autóctonas, puesto que la perturbación podría exacerbar sus efectos.