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Introducción de especies no autóctonas a la Antártida

Jana Newman (1), Bernard W.T. Coetzee (2), Steven L. Chown (2), Aleks Terauds (3), Ewan McIvor (3)

(1) Antarctica New Zealand, Private Bag 4745, Christchurch, New Zealand. j.newman[at]antarcticanz.govt.nz
(2) School of Biological Sciences, Monash University, Victoria, Australia.
(3) Australian Antarctic Division, Kingston, Tasmania, Australia.

La biodiversidad de la Antártida y sus valores intrínsecos están en riesgo debido a la introducción de especies no autóctonas, en su mayor parte generada por la actividad humana. Las especies no autóctonas, o especies que habitan fuera de su entorno natural, pueden diseminarse interregionalmente (desde el exterior de la Antártida y sus ecosistemas dependientes y asociados) o intrarregionalmente (al interior de la Antártida y sus ecosistemas dependientes y asociados). La investigación sugiere que las especies no autóctonas dentro de la Antártida pueden producir impactos medioambientales y económicos importantes e irreversibles en los ecosistemas antárticos y en su biodiversidad. La investigación sugiere además que es posible que aumente el riesgo del establecimiento de especies no autóctonas debido al aumento del calentamiento climático. Habida cuenta de la probabilidad de un aumento en la presión en los ecosistemas antárticos debido a las especies no autóctonas, el tratar el asunto de la introducción de estas especies es una de las más altas prioridades para el Comité de Protección Ambiental (CPA). El CPA admitió que es necesario que exista una investigación constante de los impactos producidos por las especies no autóctonas y que se adopten prácticas que reduzcan su introducción y difusión.

Los seres humanos han difundido organismos por toda la tierra, muchos de ellos de manera no intencional, a través del comercio, las exploraciones y los viajes. Algunos de esos organismos son versátiles y pueden adaptarse y prosperar en los nuevos ambientes. En términos globales, este movimiento de organismos generado por el ser humano hacia zonas que sobrepasan sus entornos naturales (por lo cual suelen ser llamados especies no autóctonas) es el responsable de los principales cambios en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas, de la reducción de la biodiversidad, y de los negativos efectos económicos (1).

La Antártida y sus ecosistemas dependientes y asociados se encuentran bajo una presión cada vez mayor producida por la introducción no intencional de especies no autóctonas (2-7). El aumento de la actividad humana en la región aumenta la probabilidad de la llegada y establecimiento de las especies no autóctonas (2). El aumento de la actividad humana al interior de la Antártida aumenta la probabilidad de la llegada y el establecimiento de las especies autóctonas a regiones biogeográficas fuera de sus entornos naturales (235). Esto, a su vez, puede aumentar la probabilidad de alterar las distintas regiones biogeográficas dentro de la Antártida.

Existe evidencia en cuanto a que se han introducido en la Antártida principalmente especies terrestres y algunas especies marinas no autóctonas en cantidades importantes de manera accidental (2-6). Las semillas y suelo son transportados en la vestimenta y pertenencias personales, y también se transportan organismos durante los envíos, la construcción y las actividades logísticas en general (2-6). Se sabe que algunas de estas especies no autóctonas se han establecido, algunas se han mantenido durante muchos años y algunas han ampliado sus áreas de distribución y han pasado a ser invasivas (589). La experiencia obtenida en medioambientes de todo el mundo y a partir de medioambientes comparables en las zonas árticas y subantárticas sugiere que las especies invasivas en la Antártida pueden producir impactos medioambientales y económicos importantes e irreversibles en los ecosistemas antárticos (1710). En las zonas subantárticas, animales vertebrados de pastoreo y plantas han alterado los conjuntos de plantas autóctonas, roedores y felinos no autóctonos han reducido en gran manera las poblaciones de aves, e insectos no autóctonos han alterado la renovación de los nutrientes y disminuido la riqueza de los insectos locales (37).

Es probable que los impactos producidos por la introducción de especies no autóctonas en la Antártida, y por el traslado de especies propias de la Antártida en el interior de esta, se vean exacerbados por el cambio climático (2). En algunos sectores de la Antártida el clima está cambiando de manera drástica, lo que aumenta la probabilidad de que se establezcan especies no autóctonas en esas zonas (410). Una evaluación del establecimiento de las especies no autóctonas realizada en todo el continente antártico demostró un sustantivo aumento en la probabilidad de su establecimiento en lugares fundamentales en el futuro (2, véase la Figura 1).

Figura 1. El riesgo relativo del establecimiento de plantas vasculares exógenas en la Antártida. A las áreas sin hielo que no reciben visitantes se les asigna un valor menor debido al menor riesgo de establecimiento de especies ante la ausencia de desembarcos de visitantes. Los insertos muestran en detalle el índice de riesgos en la Península Antártica y en el mar de Ross, respectivamente. Las áreas sin hielos se muestran en gris oscuro, las áreas continentales en gris claro, y la plataforma o lengua de hielo se muestra de color azul claro. Fuente: Chown et al. 2012 PNAS 109, 4938-4943.

El Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (el Protocolo) aspira a proteger de manera integral el medioambiente de la Antártida y sus ecosistemas dependientes y asociados. Esto incluye la prohibición de la introducción intencional de especies no autóctonas en el área cubierta por el Tratado Antártico, salvo que exista un permiso (el cual puede otorgarse solamente en circunstancias reguladas).

En 2011, tras varios años de desarrollo por el CPA, las Partes del Tratado Antártico reconocieron que la introducción de especies no autóctonas en la región antártica, incluyendo el traslado de especies entre los distintos lugares al interior de la región, representaba un grave riesgo para la biodiversidad y para los valores intrínsecos de la Antártida. Por medio de la Resolución 6 (2011) la XXXIV Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) aprobó un Manual sobre especies no autóctonas que incluye directrices y recursos para ayudar a las Partes a cumplir con el siguiente objetivo acordado para un trabajo posterior en la materia:

Conservar la biodiversidad y los valores intrínsecos de la Antártida previniendo la introducción no intencional, en la región antártica, de especies que no son autóctonas de esa región, y el movimiento de especies, dentro de la Antártida, de una región biogeográfica a cualquier otra. Manual sobre especies no autóctonas).

Reducir el riesgo de trasladar especies entre los distintos lugares de la Antártida ha sido el foco reciente del trabajo de gestión de los riesgos ocasionados por las especies no autóctonas. En 2012 la XV Reunión del CPA refrendó 15 diferentes regiones biogeográficas para su conservación (11). La demarcación de esas regiones biogeográficamente diferentes respalda la gestión de los riesgos producidos por las especies no autóctonas asociados a los traslados entre las regiones al interior de la Antártida.

La presión en aumento ocasionada por el cambio climático y el aumento de la actividad humana puede incrementar el riesgo de la introducción de especies no autóctonas así como expandir sus áreas de distribución (351112). Es por eso que la constante investigación de los impactos producidos por las especies no autóctonas, la difundida adopción de prácticas que reduzcan su introducción y diseminación, y una respuesta ante dichas introducciones, son parte integral de la protección de la Antártida y de sus ecosistemas asociados.

1964

La III RCTA adopta las Medidas Convenidas para la Conservación de la Fauna y de la Flora en la Antártida (Medidas Convenidas). Entre estas medidas se incluye el prohibir, “salvo autorización, la introducción, en la zona del Tratado de toda especie de animal o planta indígena [no autóctona]” y exigir que “Los Gobiernos Participantes se comprometan a tomar las precauciones razonables, para prevenir la introducción accidental de parásitos o de enfermedades en la zona del Tratado”.

1991

Se adopta el Protocolo (entra en vigor en 1998). Por medio del Protocolo, “Las Partes se comprometen a la protección global del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados”. El Anexo II al Protocolo (sobre Conservación de la fauna y flora antárticas) recoge algunas de las disposiciones de las Medidas Convenidas en 1964, que incluyen la prohibición de la introducción de especies no autóctonas en el Área del Tratado Antártico (Artículo 4).

1998

Chown, Gremmen y Gaston publican un documento (13) que demuestra que los índices de visitantes explican las variaciones en la cantidad de las especies no autóctonas en toda la Antártida y sus ecosistemas dependientes y asociados.

2000

Convey et al. publican un documento (14) que reconoce el riesgo de los intercambios intrarregionales al interior de la Antártida.

2001

Chown et al. (15) demuestran que el valor de conservación de algunas islas subantárcticas se ha visto comprometido por la presencia de especies invasivas.

2003

Lewis et al. (16) investigaron las embarcaciones utilizadas como apoyo a la ciencia y al turismo antárticos y demuestran que especies marinas no autóctonas pueden ser transportadas hacia la Antártida en los cascos de dichas embarcaciones.

2004

Lewis, Riddle y Hewitt (17) informan que muchas especies marinas no autóctonas que pueden asociarse a los buques antárticos son especies que cuentan con historial invasivo. En el mismo documento se advierte que los componentes de los tratamientos antiincrustantes pueden mitigar los riesgos del transporte de especies marinas no autóctonas hacia la Antártida.

2005

Frenot et al. (3) publican una revisión de “Las invasiones biológicas en la Antártida: grado, impactos y consecuencias”, e informan que “los microbios, hongos, plantas y animales exógenos se dan en la mayoría de las islas subantárticas y en algunas partes del Continente Antártico”.

La Conferencia del SCAR a la RCTA destaca las especies no autóctonas como un importante factor de riesgo para la biodiversidad de la Antártida.

Whinam, Chilcott y Bergstrom (18) publican un documento que informa del potencial que tienen los científicos de los programas antárticos nacionales de constituirse como vectores de la introducción de especies no autóctonas en la Antártida.

2006

La XXIX RCTA adopta las Directrices prácticas para el cambio de agua de lastre en el Área del Tratado Antártico por medio de la Resolución 3 (2006).

En Nueva Zelanda se realiza un taller (19) sobre Cuarentena y especies no autóctonas. El CPA refrenda todas las recomendaciones que emanan de dicho taller, e incluye que “el problema de las especies no autóctonas en la Antártida debe recibir la máxima prioridad compatible con las normas ambientales estrictas establecidas en el Protocolo; un enfoque de “tolerancia cero”, y que “Se debería formular un conjunto de directrices o procedimientos exhaustivos y normalizados, dirigidos a todos los operadores de la Antártida, basados en un enfoque de “prevención, vigilancia y respuesta”.

2007

En la X Reunión del CPA el SCAR presenta el Documento de información IP37 de la XXX RCTA que informa de las incrustaciones en los cascos de las embarcaciones como una fuente de invasiones marinas en la Antártida, y señala que estudios recientes (20) han demostrado que las incrustaciones en los cascos son un importante vector de introducción de especies no autóctonas.

2008

El CPA adopta un plan de trabajo quinquenal que identifica el asunto de las especies no autóctonas como su asunto de máxima prioridad.

El CPA y el SCAR alientan a los Miembros a utilizar la Base de datos sobre biodiversidad como base de datos central sobre la aparición de especies exógenas en la Antártida.

2009

Ante la solicitud del CPA, la Secretaría del Tratado Antártico presenta el Documento de Secretaría SP11 de la XXXII RCTA: Resumen temático de las deliberaciones del CPA sobre las especies no autóctonas en la Antártida.

2011

En el Documento de trabajo WP 04 de la XXXIV RCTA, un grupo de contacto intersesional del CPA informó haber completado un manual de directrices y recursos prácticos para ayudar a las Partes aconservar la biodiversidad antártica y sus valores intrínsecos al evitar la introducción accidental de especies no autóctonas en esa región, y el traslado de especies al interior de la Antártida desde una zona biogeográfica hacia cualquier otra zona. Este Manual de especies no autóctonas sintetiza en una ubicación central la cantidad creciente de directrices y recursos que los diversos organismos han desarrollado en los últimos años.

La XXXIV RCTA adopta la Resolución 6 (2011) sobre especies no autóctonas, que recomienda que las Partes difundan y alienten, según corresponda, el uso del Manual sobre especies no autóctonas y alienta al CPA para que siga desarrollándolo.

2012

En ocasión de la XV Reunión del CPA el SCAR presentó el Documento de trabajo WP 05 de la XXXV RCTA que informa sobre los resultados de una evaluación de riesgos a nivel de todo el continente (2) respecto del establecimiento de especies de plantas vasculares no autóctonas en la Antártida. La evaluación concluye (i) que el riesgo actual más elevado amenaza a la costa de la Península Antártica Occidental y a las islas frente a la costa de la península, y (ii) que en 2100 el riesgo de establecimiento de especies no autóctonas seguirá siendo el más alto en el área de la Península Antártica, pero que como resultado del cambio climático este aumentará sustancialmente en las áreas costeras sin hielo hacia el este de la de la plataforma de hielo Amery y en menor grado en la región del Mar de Ross.

El CPA concuerda en:

  • usar este análisis para un posterior desarrollo de estrategias que mitiguen los riesgos impuestos por las especies no autóctonas terrestres;
  • desarrollar una estrategia de vigilancia para las áreas que están en riesgo elevado de establecimiento de especies no autóctonas;
  • prestar una mayor atención a los riesgos que implica la transferencia de propágulos dentro de la Antártida.

En su documento, el SCAR informa a la XV Reunión del CPA que la carga promedio de semillas durante el Año Polar Internacional (API) del período 2007 – 2009 fue de 9,5 semillas por persona (en aquella personas portadoras de semillas). Es posible que hayan llegado a la Antártida unas 70.000 semillas durante la primera temporada estival del API, con los científicos, y el personal de apoyo a la ciencia y al turismo como los responsables de internar cargas más elevadas que las portadas por los turistas (2).

Terauds et al. (11) publicaron un análisis de la mejor información disponible sobre biodiversidad, la que por primera vez permitió la descripción de 15 regiones sin hielo biológicamente diferentes en la Antártida. Australia, Nueva Zelanda y el SCAR informan a la XV Reunión del CPA sobre estas Regiones biogeográficas de conservación de la Antártida (RBCA; >Documento de trabajo WP 23rev.1, XXXV RCTA). A sugerencia de la XV Reunión del CPA, la XXXV RCTA adopta la Resolución 6 (2012) que refrenda las Regiones biogeográficas de conservación de la Antártida como herramienta para el respaldo de la gestión del riesgo de las especies no autóctonas.

La Conferencia del SCAR a la RCTA destaca que ya han ocurrido invasiones biológicas en la Antártida y analiza las consecuencias y futuros desafíos.

Other information:

  1. MA. “The Millenium Ecosystem Assessment: overall synthesis”  (Island Press, Washington DC, Online: www.maweb.org, 2005)
  2. S. L. Chown, A. H. L. Huiskes, N. J. M. Gremmen, J. E. Lee, A. Terauds, K. Crosbie, Y. Frenot, K. A. Hughes, S. Imura, K. Kiefer, M. Lebouvier, B. Raymond, M. Tsujimoto, C. Ware, B. Van De Vijver, D. M. Bergstrom, Continent-wide risk assessment for the establishment of nonindigenous species in Antarctica. Proceedings of the National Academy of Sciences109, 4938-4943 (2012) doi: 10.1073/pnas.1119787109.
  3. Y. Frenot, S. L. Chown, J. Whinam, P. M. Selkirk, P. Convey, M. Skotnicki, D. M. Bergstrom, Biological invasions in the Antarctic: Extent, impacts and implications. Biological Reviews 80, 45-72 (2005) doi:10.1017/S1464793104006542.
  4. S. L. Chown, et al., Challenges to the future conservation of the Antarctic. Science 337, 158-159 (2012) doi: 10.1126/science.1222821.
  5. K. A. Hughes, P. Convey, The protection of Antarctic terrestrial ecosystems from inter- and intra-continental transfer of non-indigenous species by human activities: A review of current systems and practices. Global Environmental Change 20, 96-112 (2010) doi:10.1016/j.gloenvcha.2009.09.005.
  6. J. E. Lee, S. L. Chown, Quantifying the propagule load associated with the construction of an Antarctic research station. Antarctic Science 21, 471-475 (2009) doi: 10.1017/S0954102009990162.
  7. D. M. Bergstrom, S. L. Chown, Life at the front: History, ecology and change on southern ocean islands. Trends in Ecology and Evolution 14, 472-477 (1999) doi: 10.1016/S0169-5347(99)01688-2.
  8. P. Greenslade, P. Convey, Exotic Collembola on subantarctic islands: Pathways, origins and biology. Biological Invasions 14, 405-417 (2012) doi:10.1007/s10530-011-0086-8.
  9. M. Olech, K. J. Chwedorzewska, The first appearance and establishment of an alien vascular plant in natural habitats on the forefield of a retreating glacier in Antarctica. Antarctic Science 23, 153-154 (2011) doi:10.1017/S0954102010000982.
  10. S. L. Chown, S. Slabber, M. A. McGeoch, C. Janion, H. P. Leinaas, Phenotypic plasticity mediates climate change responses among invasive and indigenous arthropods. Proceedings of the Royal Society B 274, 2531-2537 (2007) doi: 10.1098/rspb.2007.0772.
  11. A. Terauds, S. L. Chown, F. Morgan, H. J. Peat, D. J. Watts, H. Keys, P. Convey, D. M. Bergstrom, Conservation biogeography of the Antarctic.Diversity and Distributions 18, 726-741 (2012) doi: 10.1111/j.1472-4642.2012.00925.x.
  12. J. Turner, R. A. Bindschadler, P. Convey, G. Di Prisco, E. Fahrbach, J. Gutt, D. A. Hodgson, P. A. Mayewski, C. P. Summerhayes, “Antarctic Climate Change and the Environment”  (SCAR, Cambridge, Online:http://www.scar.org/publications/occasionals/acce.html, 2009).
  13. S. L. Chown, N. J. M. Gremmen, K. J. Gaston, Ecological biogeography of southern ocean islands: Species-area relationships, human impacts, and conservation. American Naturalist 152, 562-575 (1998) doi:10.1086/286190
  14. P. Convey, R.I.L., Smith, H.J Peat, P.J.A. Pugh, The terrestrial biota of Charcot Island, eastern Bellingshausen Sea: Antarctica an example of extreme isolation.  Antarctic Science 12, 406-413 (2000) doi:0.1017/S095410200000047X.
  15. S. L. Chown, A. S. L. Rodrigues, N. J. M. Gremmen, K. J. Gaston, World heritage status and conservation of southern ocean islands. Conservation Biology 15, 550-557 (2001) doi: 10.1046/j.1523-1739.2001.015003550.x.
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  19. M. De Poorter, N. Gilbert, B. Storey, M. Rogan-Finnemore, “Final Report of the Workshop on ‘Non-native Species in the Antarctic’ “  (Christchurch, New Zealand, Online: http://www.anta.canterbury.ac.nz/resources/non-native%20species%20in%20the%20antarctic/Final%20Report%20Non-native%20Species%20Workshop.pdf, 2006).
  20. R. B. Aronson, S. Thatje, A. Clarke, L. S. Peck, D. B. Blake, C. D. Wilga, B. A. Seibel, Climate change and invasibility of the Antarctic benthos. Annual Review of Ecology, Evolution and Systematics 38, 129-154 (2007) doi:10.1146/annurev.ecolsys.38.091206.095525.